Publicado en conoces a..?

Conoces a …Txantxillo y su “pesetíta”?

txantxillo

En estos días de carnaval me viene a la memoria el mítico personaje de las calles donostiarras Txantxillo que nos dejó en Septiembre del año 2003  y que permanece en nuestro recuerdo sobre todo durante las fiestas de nuestra cuidad.

Nacido en el seno de una humilde familia procedente de los pueblos salmantinos de Valero y San Esteban de la Sierra, Santiago Hernández aprendió el oficio de sus padres. Primero, el de vendedor de arena de las rocas de Ulía, que las mujeres de Gros empleaban para lavar la ropa en el lavadero del barrio. Más tarde, el de vocero de prensa en las inmediaciones del cine Trueba.
En aquel entonces ya era conocido por su apodo. Se lo debía a su abuela. Cuando era apenas un niño y vivía en Sagüés, ésta solía llamarle desde la ventana para que dejara de jugar y subiera a comer. «¡Chiquillo, sube ya!», le decía. Y el «chiquillo», a fuerza de repetirse, pasó a ser Txantxillo, nombre con el que le reconocerían quienes le vieron ir de aquí para allá, tirando de trastos y viejos enseres sin valor aparente, aunque, sin duda, cargados de significado para su poseedor.
Su imagen permanece grabada en la memoria de los donostiarras que durante décadas le vieron deambular por las calles de la capital guipuzcoana acarreando bolsas y carros de la compra, con quién sabe qué extrañas pertenencias en su interior; su xilófono, compañero inseparable de viaje; y, en tiempos más recientes, un órgano eléctrico con el que interpretaba, sin miedo ni pudor, La Internacional, La marcha de San Ignacio y cualquier otra melodía aprendida de oído. Bajo la boina negra que acostumbraba a calarse hasta las orejas, unos viejos pantalones y el abrigo raído, sujeto con ayuda de un cinturón, se escondía Santiago Hernández Redondo, Txantxillo.
La figura menuda y entrañable desapareció hace nueve años del paisaje de la ciudad. En apariencia incombustible, su existencia se apagó en septiembre de 2003. Tras ella, no hubo homenajes ni tampoco calles bautizadas con su nombre. Su muerte dio lugar a un recuerdo callado, como lo fue su vida, que se resiste a borrarse de la mente de los habitantes de San Sebastián. Así se fue uno de sus más populares personajes. Aquel que gustaba de recorrer la Parte Vieja pidiendo «una pesetita, por favor» a cuantos deleitaba con su faceta de músico callejero.
Durante años buscó la animación de las fiestas. La Semana Grande, los Caldereros y sus favoritas, los Carnavales. Acompañado de su amigo Fernando, fiel cómplice de aventuras, salía a la calle disfrazado de mariachi, de salsero y hasta de niño. Su vis cómica no pasó inadvertida para los responsables municipales que en 1993 le convirtieron en protagonista del cartel anunciador de estos festejos. Lo representaron con su habitual atuendo y cargado de bolsas llenas de dinero. Se hacían de este modo eco de esa leyenda urbana que algún malintencionado hizo circular entre la ciudadanía de que Txantxillo tenía infinidad de riquezas. Pese a los rumores, nunca nadó en la abundancia. Vivió siempre en Gros, en la casa que sus padres le dejaron al morir en la calle General Artetxe, un quinto sin ascensor que durante más de treinta años tuvo que subir a pie tirando, de mil y un bultos. Sólo abandonó el inmueble en sus últimos días de vida, cuando problemas de salud le obligaron a ingresar en el centro gerontológico de la Cruz Roja. Fue en esta residencia donde celebró su último 76 cumpleaños. Pesaba 28 kilos y su vida se agotaba. Echaba de menos sus salidas sin rumbo por San Sebastián y tocar su xilófono. «El primero me lo dio Orbegozo, en la calle Usandizaga, cuando era pequeño», recordaba.
Ésta y otras de sus pertenencias le aguardaban en casa, la misma a la que esperaba volver tras el estreno de un ascensor que casi no pudo a utilizar. Pero el regreso nunca se produjo. Los donostiarras se despertaron un domingo con la noticia de la muerte de Txantxillo escrita en las páginas de este periódico. Su partida dejó un vacío en la ciudad. Ya nadie volverá a pedir una moneda como él lo hacía ni a hacer sonar el xilófono en la Parte Vieja. Tal vez cuando paseemos por sus calles nos parezca oír el familiar tintineo de metal. Será una jugarreta de nuestra mente que se resiste a que Txantxillo caiga presa del olvido.
Desde hace unos años ya tiene una estatua en San Sebastián. La escultura, obra del artista Alberto Saavedra Maestro, se erige, con su gesto dulce, ingenuo y simpático, en la rampa de entrada al colegio mayor Olarain, sito en la ciudad universitaria de Ibaeta.
txantxillo2

Y desde hace unos días el  Ayuntamiento ha adquirido el retrato de Txantxillo que se instaló, el pasado mes de diciembre, en una de las paredes de la plaza Sarriegui, para reubicarlo próximamente en el barrio de Gros, en el que residía este popular personaje donostiarra. El óleo, obra de la pintora tolosarra Txitxi Orbegozo.

txantxillo1

Donde quiera que esté seguro que sigue celebrando nuestras fiestas con su xilófono.
(este post parte de otro que publique en http://www.unclasicoentuboda.wordpress.com)
Anuncios

3 comentarios sobre “Conoces a …Txantxillo y su “pesetíta”?

  1. hola, interesante post sobre txantxillo. Hace poco encontré en el trastero de casa una revista de 1982 con una entrevista a “Santiago”. (y lo pongo entre comillas porque su verdadero nombre era Txantxillo :). No tiene desperdicio.
    Un saludo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s